Apuestas deportivas confiables en 2026: el permiso pesa, el bono se paga

Updated noviembre 2026
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Datos actualizados al 6 noviembre 2026, con los registros de permisos y los avisos legales verificados contra la Secretaría de Gobernación y las fichas públicas que cada operador publica sobre sí mismo.

Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo
Según el artículo 2 del Reglamento de la LFJS, la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida.

México es un país raro para apostar. No existe una licencia nacional de apuestas en línea, no hay un artículo que diga “esta casa puede operar en internet”, y sin embargo hay millones de boletos pagados cada semana en sitios que funcionan con la bendición administrativa de una oficina del gobierno federal. Esa oficina es la Dirección General de Juegos y Sorteos, y lo que entrega no se llama licencia: se llama permiso. La diferencia no es gramatical. Una licencia se pide, se cumple un expediente y se obtiene; un permiso es un acto administrativo temporal que la Secretaría de Gobernación otorga a un permisionario, y ese permisionario casi nunca es la marca que aparece en tu pantalla. La marca es la cara visible; el permiso vive detrás, en el nombre de una empresa que tiene un hipódromo, un galgódromo o un centro de apuestas remotas.

Desde el 16 de noviembre de 2023, el Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos dice algo que conviene leer dos veces: la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida. El artículo 2 no enumera lo permitido, cierra la puerta a todo lo demás. Un texto así se escribió a propósito, para que nadie llegue con una idea nueva y diga que la ley no la prohíbe. Y explica por qué el sector mexicano se ve como se ve: pocas figuras legales, mucha marca operando bajo el permiso de alguien más, y una buena cantidad de casas internacionales prestando servicio sin ninguna atadura local.

Aquí está el punto que se pierde cuando una guía se limita a listar marcas. Cuando ya tienes nueve, doce o cuarenta nombres delante, el nombre deja de ser el dato. Lo que separa a una casa de otra no es el logo ni el color de la app: es lo que esa casa te cobra por distintos caminos. Un momio un poco peor que el vecino, una retención que aparece al cobrar un premio grande, un requisito de apuesta que convierte un bono en una tarea, una cuenta que se congela cuando el regulador cambia de humor. Esto es lo que cuesta, en pesos y en tiempo, cada una de las opciones que tienes enfrente.

Hay un detalle que ordena la lista de arriba abajo. La lista oficial de permisos de la Dirección General de Juegos y Sorteos no pudo abrirse. En mayo de 2026 un diputado pidió a la Secretaría de Gobernación un registro público y abierto de los permisos de apuestas y casinos, y hasta octubre de 2026 ese registro completo seguía sin poder consultarse. ¿Qué significa eso para ti? Que ningún número de permiso que veas impreso en una web —ni en ésta, ni en la de la casa, ni en la de cualquier comparador— trae el sello del gobierno. Todos vienen de lo que el propio operador publica en su pie de página o de compilaciones que se contradicen entre sí. Por eso, cada vez que aquí aparece un número, aparece con su fuente nombrada y con la advertencia de que no está confirmado oficialmente. No es una fórmula de abogado; es la única forma honesta de escribir un número que no puede rastrearse hasta la autoridad.

Ranking y comparación: cómo se eligen las casas de apuestas que sí responden

Nueve marcas, un criterio y una consecuencia incómoda. El criterio es el permiso: que exista, que esté declarado por alguien identificable y que se pueda nombrar la empresa que lo tiene. La consecuencia es que esta lista no es el mercado. Un permisionario puede operar varias marcas a la vez —Producciones Móviles sostiene Betcris y Pickwin, Tecnología en Entretenimiento Caliplay sostiene Caliente— y una marca que no aparece aquí no está, por ese solo hecho, sin permiso. Simplemente no está en la mesa de este análisis.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
Los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros.

Las nueve y el orden en que aparecen abajo: Strendus, Caliente, Pickwin, Betway, Betcris, 1xBet, Novibet, Codere y Playdoit. Todas operan en México bajo un permiso de la Secretaría de Gobernación otorgado a un permisionario, según lo que cada una declara o lo que una compilación nombrada reporta. Los números de permiso que se pudieron leer se imprimen; donde las fuentes se contradicen, no se imprime ninguno, porque un dígito inventado en esta columna es peor que un hueco.

Casa Permiso SEGOB tal como lo reporta la fuente (sin confirmación oficial)
Strendus DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según una compilación especializada; las compilaciones difieren sobre el titular: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads
Caliente DGG/SP/404/97, mostrado por la propia casa en el pie de su sitio; operadora Tecnología en Entretenimiento Caliplay
Pickwin Sin número impreso: las compilaciones se contradicen entre sí, y el número que da una de ellas es el que el pie de Betcris muestra para Producciones Móviles
Betway 4184, según una compilación especializada; titular Espectáculos Deportivos Frontón México
Betcris Sin número impreso: el del pie del propio sitio y el de la tabla del propietario no coinciden, y el primero aparece a nombre de Producciones Móviles
1xBet DGJS/0002/2020, según una compilación especializada, que no pudo confirmar ni el dominio ni la lista oficial; titular Entretenimientos Naturales
Novibet DGJS/DCRCA/1121/2020, según una compilación especializada; titular Comercial de Juegos de la Frontera
Codere DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación especializada; titular Libros Foráneos (Codere México)
Playdoit DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según una compilación especializada; titular Eventos Festivos de México

Una columna y nueve filas. Alguien la mirará buscando el número más limpio, y el más limpio es el de Caliente: es el único pie de página que lo publica la propia casa, sin intermediario. Eso no convierte a Caliente en la casa mejor regulada de México; convierte a Caliente en la que menos depende de que un tercero lo haya copiado bien. La calidad del número que ves no mide la calidad de la casa, mide la distancia entre la casa y el papel. Hay dos filas con hueco, y esos huecos dicen algo del estado del sector: en Pickwin el número que una compilación le asigna es el que el pie de Betcris muestra para el permisionario Producciones Móviles, y en Betcris el número de su propio pie y el de la tabla del propietario no coinciden. Dos marcas del mismo permisionario, dos rastros que no cierran. Cuando la contabilidad pública de un grupo se contradice a sí misma, la conclusión no es que una de las dos mienta; es que nadie está obligado a cuadrarla.

El costo de esta tabla se paga en una situación concreta. Supón que un día el saldo de tu cuenta no aparece o una casa deja de responder. Lo primero que buscarás será el permiso, y lo que vas a encontrar es exactamente lo de arriba: un número que cita una compilación. Con eso no se reclama ante nadie con la misma fuerza que con un documento oficial en la mano. Cuánta tracción tendría tu reclamo. No es poco.

Criterios para calificar una casa que no está en esta lista

La lista se acaba; el mercado no. Si la casa que te interesa no está en las nueve filas, hay una forma de evaluarla en unos minutos, y no requiere creerle a nadie.

Busca el pie de página de la casa, donde se imprime el aviso legal. Ahí debe aparecer el nombre del permisionario y, si la casa es transparente, el número del permiso de la Secretaría de Gobernación. Compara ese nombre con el nombre comercial. Si son distintos, no pasa nada raro: es el modelo habitual en México. Si el pie no identifica a ninguna empresa, eso sí es un hueco, y un hueco en el pie de página suele repetirse en otras partes.

El segundo movimiento es el aviso de juego responsable y la edad. Las fichas públicas de las apps y los pies de las casas traen el aviso de mayores de edad y las políticas de juego responsable; la app de Codere México, por ejemplo, declara operar con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Caliente hace lo propio en el pie de su sitio: advierte que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad y enlaza una sección de juego responsable. Ese aviso no es una prueba de legalidad —cualquiera lo copia— pero su ausencia es una señal barata de que la casa no se molesta ni en eso.

El tercer movimiento cuesta más y vale más: lee los términos del bono antes de depositar. El requisito de apuesta, el momio mínimo que cuenta, la fecha límite y el tope de la ganancia son las cuatro líneas que deciden si el bono es dinero o es trabajo. Una casa que escribe “bono de bienvenida” y esconde esas cuatro condiciones en un PDF es una casa que sabe que su bono no aguanta la lectura.

Y el cuarto, el menos obvio: la fecha. En México, el estatus de una casa cambia por orden judicial, no por un aviso tranquilo. Una casa puede estar operando hoy y bloqueada en marzo. Cuando alguien te diga que una marca es confiable, la pregunta que le falta es “¿desde cuándo?”. Nosotros damos la fecha de cada dato porque sin fecha este sector no se puede leer.

Qué compra un permiso y qué no compra

Existe la tentación de pensar que un permiso de la Secretaría de Gobernación equivale a una garantía de que tus pesos están seguros y de que tu cuenta no será congelada. No equivale a eso. Lo que un permiso sí trae es un marco: los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros, reportar sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero y constituir una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Esa es la letra del artículo 29 del Reglamento, y describe obligaciones del permisionario, no derechos del apostador.

La diferencia práctica importa. La auditoría trimestral protege a la autoridad, que quiere ver el flujo. Los seguros y la fianza protegen al sistema ante un impago masivo, que es un escenario que probablemente no verás. El reporte de operaciones sospechosas protege al sistema financiero. Nada de eso te devuelve un peso si la casa decide que no te va a pagar, y nada de eso impide que un regulador apriete un botón y la pantalla se quede en blanco.

Lo que el permiso cambia para ti es la existencia de una contraparte con nombre y domicilio en el país. Hay una autoridad administrativa que concedió algo a alguien, hay un expediente, hay un procedimiento de sanción previsto y hay una oficina a la que se puede acudir. Con una casa que opera desde fuera y sin permiso local, no hay nada de eso: no hay autoridad mexicana que sancione a nadie porque tu retiro tardó tres semanas. Ese es el saldo real, y es un saldo a tu favor pero no una póliza de seguro.

Panorama de las apuestas deportivas en México: el mecanismo que sostiene cada momio

Aquí conviene bajar un escalón. Antes de discutir qué casa es mejor, hay que entender qué estás comprando cuando marcas un boleto, porque la respuesta no es “una posibilidad de ganar”.

Qué es exactamente un momio y de dónde sale el margen

Un momio es un precio. En México se escribe en decimales —1.90, 2.45— y significa que por cada peso que arriesgas te devuelven eso. No significa que la casa te esté pagando por tu inteligencia; significa que la casa calculó qué probabilidad tiene el resultado y luego te ofreció un poco menos de lo que esa probabilidad vale. La resta se queda en casa y tiene nombre: margen.

Piénsalo con un partido sencillo. Si el mercado tiene dos resultados y ambos se ofrecen a 1.90, apostar a los dos con la misma cantidad te devuelve menos de lo que pusiste, hagas lo que hagas. Cuánto menos es exactamente lo que la casa cobra por organizar el mercado. Con dos momios de 1.90, la parte que el mercado devuelve es 1 ÷ (1/1.90 + 1/1.90), que da 95 %. El 5 % restante es el margen: la casa retiene esa proporción de cada peso apostado en ese mercado, no como comisión visible, sino repartida dentro de los dos precios. El momio es el mecanismo y el margen es el costo del mecanismo, y tú pagas el segundo cada vez que usas el primero.

Ese 5 % no es un castigo ni un abuso. Un mercado de dos resultados es lo más simple que existe y por eso lo más barato. Cuando el mercado se complica —más resultados, más incertidumbre, un evento en vivo que se mueve cada treinta segundos— el margen sube, porque la casa está corriendo más riesgo y cobra por ello. La consecuencia práctica es una regla de vida para el apostador mexicano: mientras más simple sea tu apuesta, menos pagas por hacerla. Una sencilla al ganador cuesta menos que un parlay de seis patas. El parlay es más emocionante y también más caro, y la casa no gana más porque tengas razón, gana más porque te cobra varias veces en la misma apuesta.

Cómo se lee un boleto, del momio a la devolución

El boleto —el cupón, el ticket— tiene tres números que importan y uno que no. Importan el momio, la cantidad apostada y el tipo de apuesta; no importa el nombre bonito que la casa le ponga. Una apuesta sencilla multiplica: si arriesgas 200 pesos a un momio de 1.85 y aciertas, la devolución es 370 pesos, es decir, 200 × 1.85, de los cuales 170 son ganancia y 200 son tu dinero de vuelta. La ganancia nunca es 370: es la devolución menos tu stake. Las casas presentan la devolución en grande y la ganancia en chico por razones de óptica, y esa óptica te acompaña hasta el cajero.

Una combinada multiplica los momios entre sí antes de multiplicar por la cantidad. Dos momios de 1.90 puestos en un parlay dan 3.61, y ahí el boleto se pone interesante y peligroso a la vez: el margen de la casa se aplica dos veces, una por cada pata. Ese es el motivo matemático por el que las combinadas largas tienen fama de malas. No es superstición; es aritmética repetida. Cash out, retiro anticipado, apuesta en vivo, hándicap, más/menos: todos los formatos que una casa ofrece caben en el marco de siempre. Elegir el tipo de apuesta es elegir cuántas veces pagas el margen.

El costo por hora y por peso: por qué el margen decide cuánto puedes jugar

Hay una cuenta que casi nadie hace y que ordena toda esta guía. Un apostador recurrente no pierde su dinero en una apuesta mala: lo pierde en la suma de márgenes de cientos de apuestas correctas y repetidas.

Con un turnover semanal ilustrativo de 500 pesos mexicanos apostados una sola vez, y un mercado ilustrativo de dos resultados a momio decimal 1.90 / 1.90 —un ejemplo para ver el mecanismo, no un precio cotizado—, la pata que el mercado devuelve es 95 % y el margen es 5 %. La pérdida esperada de esa semana de apuestas es 500 × 5 %, esto es, del orden de 25 pesos mexicanos por semana, asumiendo que todo el monto se apuesta una vez en ese mercado.

Corre eso hacia adelante y cambia de tono: entre 1,000 y 1,300 pesos mexicanos al año, si el patrón se repite todas las semanas con el mismo turnover y el mismo tipo de mercado. Ese es el precio estimado de la diversión, no el resultado garantizado de ninguna apuesta en concreto. Cuarenta pesos semanales de jugada no te van a hacer rico ni te van a hundir; ese es el punto de la banda.

Dos cosas mueven el resultado y son las dos que puedes controlar. Primero, el margen del mercado: si en vez de un mercado de dos resultados con 5 % usas uno de varios resultados con margen más alto, la cifra por semana sube sin que tú hayas apostado un peso más. Segundo, el número de veces que apuestas: el mismo peso recirculado cinco veces en la semana carga cinco veces el margen. Ahí está la diferencia entre un apostador que lleva años con su presupuesto intacto y otro que no entiende a dónde se fue el sueldo. No fue una apuesta mala. Fueron seiscientas apuestas normales.

Ese es el costo que ninguna casa publica, porque no puede: no es un precio que ella pone, es un precio que el mercado tiene. Y por eso, cuando compares bonos y casas, el momio y el margen son el dato que se queda contigo todo el año, mientras que el bono se acaba en tres semanas.

Legalidad y regulación: el permiso de la SEGOB, explicado sin adornos

La palabra correcta es permiso, y la autoridad es la Secretaría de Gobernación a través de la Dirección General de Juegos y Sorteos. El Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos regula la autorización, el control, la vigilancia y la inspección de los juegos con apuestas y sorteos, salvo los de la Lotería Nacional, y establece competencia federal. Esa última palabra es importante: la competencia es federal, aunque los estados cobren sus propios impuestos y las compilaciones de permisos se lean distinto según quién las escriba.

El fundamento de una casa en México es un acto administrativo temporal otorgado a un permisionario, y no una licencia. El Reglamento define además la apuesta como dinero en moneda nacional arriesgado en un juego permitido, lo cual deja fuera, en teoría, todo lo que no sea pesos. Esa definición explica por qué el apostador mexicano verá mayoritariamente precios y saldos en pesos, y por qué cualquier casa que trabaje en otra moneda está operando en un terreno que la ley no describe.

La ley de origen data del 31 de diciembre de 1947 y no menciona las apuestas en línea, por una razón sencilla: en 1947 no había internet. El Reglamento se reformó el 16 de noviembre de 2023 para cubrir lo que ahora existe, y el resultado es un armazón administrativo montado sobre un texto de posguerra. Los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos son las figuras previstas para apostar a distancia; los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. Ahí está la llave del modelo mexicano: el permiso nace de un lugar físico. La casa que opera en tu teléfono está montada, en el papel, sobre un hipódromo o un centro de apuestas que existe en algún municipio.

Hay un candado que conviene conocer porque explica muchas cosas que parecen raras: los permisos de juegos con apuestas son intransferibles. No pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Esa cláusula cierra el mercado secundario de permisos y empuja toda la actividad comercial hacia los acuerdos entre el permisionario y la marca. Un permisionario sostiene varias marcas porque no puede vender el permiso, pero sí puede firmar con quien quiera que lo explote. El apostador nunca ve ese contrato, y el contrato es la relación que de verdad lo cubre o lo deja descubierto.

La letra del Reglamento: lo que la ley exige a una casa y lo que no

El artículo 2 del Reglamento establece que la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida. No es retórica: es la regla que decide qué puede existir. La Secretaría de Gobernación interpreta y aplica la ley en el ámbito administrativo, y la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. Todo lo que una casa hace con permiso pasa por esa oficina, incluida la decisión de quitarle el permiso.

El artículo 5 prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica. Vale la pena detenerse en esa ausencia. Las casas escriben 18+ en sus fichas y en sus pies de página —la app de Codere limita el uso a mayores de 18 años, Caliente advierte que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad— y lo escriben con razón, pero la ley que regula el sector no dice “18”. La edad mínima que ves publicada es una condición de cada casa, no una cifra estatutaria. Para el lector eso significa que no puede invocar la ley si una casa le abre la puerta a un menor: tendrá que invocar el contrato de esa casa.

El artículo 28 define las figuras. El 29 obliga a las cuentas auditadas, los seguros, los reportes y la fianza. El 31 cierra la transferencia. Y en ningún artículo leído aparece una regla propia para apuestas en vivo, deportes virtuales, esports o tipos de apuesta específicos. Tampoco una norma federal sobre publicidad: el Reglamento leído no contiene un artículo publicitario, y los reportes de horarios permitidos para anuncios —después de las 22:30 o entre las 06:00 y las 22:00— describen iniciativas, no ley. Las propuestas para limitar influencers y deportistas, prohibir la publicidad en transmisiones deportivas o eliminar los bonos de bienvenida no son ley. Son papeles en camino.

Registro público, transparencia y la ausencia que más cuesta

En mayo de 2026 el diputado Rubén Moreira pidió a la Secretaría de Gobernación un registro público y abierto de los permisos de apuestas y casinos. Hasta octubre de 2026, una lista oficial completa no pudo abrirse. Los conteos de sitios de apuestas que circulan se contradicen —136 en un reporte, entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx en otro— y por eso aquí no se imprime ningún total: un número que no se puede sostener no sirve para decidir.

Esto tiene un costo directo para ti, y es el más alto de toda la parte legal. El registro público es la herramienta que convierte “esta casa dice tener permiso” en “el gobierno confirma que esta casa tiene permiso”. Sin él, la verificación se hace por aproximación: el pie de página, el nombre del permisionario, la fecha del aviso legal, la coherencia entre lo que la casa dice y lo que un tercero reporta. Es el mismo trabajo que ya hicimos en la tabla de arriba, y a ti te toca hacerlo con cada casa nueva que te llame la atención. Un registro abierto te ahorraría ese trabajo. No existe, y hasta que exista, la diligencia es tuya.

Una nota de reforma, para que nadie se confunda: la Secretaría de Gobernación terminó en octubre de 2026 la revisión interna de una propuesta para sustituir la ley de 1947 y la envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado al Congreso y no es ley. Otra iniciativa, de octubre de 2025, propone abrogar la ley de 1947 y crear un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos, con mecanismos de autoexclusión, edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso. También es propuesta. Ninguna de las dos cambia nada hoy, aunque las dos apuntan hacia dónde va el sector: más institucionalidad y más controles.

Casas bloqueadas: cómo leer un estatus que cambia por orden judicial

Aquí el artículo tiene que hablar con fechas, porque sin fecha la información se vuelve falsa en semanas.

Betano, de Ganador Azteca, está bloqueada desde noviembre de 2025, cuando la UIF congeló cuentas; en diciembre de 2025 un tribunal colegiado solo le permitió publicar contenido informativo. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, pero el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, incluidos betano.mx y bet365.mx; y el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra bet365 y Betano, según una sola fuente.

Léelo otra vez y verás la forma del problema: la misma casa está bloqueada, amparada, suspendida y reactivada según el mes y el juzgado. Ninguna de estas nueve marcas está en esta guía como “bloqueada hoy” ni como “abierta hoy”, porque ninguna de esas dos frases sobrevive a octubre. Lo que sobrevive es la advertencia: en México tu saldo depende de un expediente judicial que no controlas y del que probablemente no te enterarás hasta que abras la app.

Esa es la razón por la que una casa con permiso vale más que una sin él, y no por romanticismo regulatorio. Cuando el regulador aprieta, una casa con permiso local tiene abogados, expediente y un interés económico en resolver; sus cuentas congeladas se pelean en un juzgado mexicano. Una casa sin permiso simplemente se va, y no hay a quién reclamarle. El costo de la marca extranjera barata se cobra completo, y se cobra en el peor momento posible: cuando ya tienes dinero dentro.

Impuestos: el IEPS que la casa absorbe o no, y el ISR que sí te toca

Aquí hay dos impuestos y solo uno te van a retener.

El primero es del operador. El IEPS a los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso es de 50 % desde el 1 de enero de 2026, por reforma publicada en el DOF el 7 de noviembre de 2025; antes era de 30 %. Está en el artículo 2, fracción II, inciso B) de la Ley del IEPS. Ojo con lo que eso significa y con lo que no: el texto leído habla solo del “valor de la actividad”, la prensa dice “monto total apostado”, y por eso esta guía no va a escribir ni “50 % de lo apostado” ni “50 % de los ingresos brutos”. La base no está establecida en el texto que se pudo leer, y quien te diga con seguridad de qué se calcula te está vendiendo una interpretación.

Lo que sí puedes ver es el efecto. Cuando el impuesto de 30 % sube a 50 %, alguien paga esa diferencia: o la casa la absorbe bajando su margen —poco probable— o la traslada al momio y a las condiciones del bono. Después del aumento del IEPS, los operadores rediseñaron los bonos de bienvenida para absorber parte del impuesto. Es decir, la letra chica que lees hoy en un bono tiene una causa fiscal concreta. El bono no empeoró por maldad: empeoró porque el Estado se llevó una tajada más grande y la casa la repartió entre sus precios y sus promociones. Tú pagas el IEPS sin verlo, en el momio.

El segundo impuesto sí lleva tu nombre. El artículo 138 de la Ley del ISR prevé retención de 1 % sobre premios cuando el impuesto estatal no excede de 6 %, y de 21 % si el impuesto estatal es mayor; quien paga el premio retiene el impuesto. Los premios de loterías, sorteos, juegos con apuestas y concursos legalmente autorizados son ingreso, y quien te paga el premio es el que retiene. En la Ciudad de México hay un impuesto estatal de 6 % sobre premios, alrededor de 7 % en total según un reporte secundario, y eso te coloca en el tramo de retención del 1 % federal. La retención es pago definitivo solo si presentas la declaración cuando estás obligado a hacerlo; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita. Los premios superiores a 600,000 pesos mexicanos en el año se reportan en la declaración anual.

Y queda un caso que ningún folleto explica bien: los premios cobrados en sitios sin permiso. El artículo 137 habla de premios “autorizados legalmente”; el tratamiento de un premio cobrado en un sitio sin permiso no está establecido. Si te toca uno, la posición razonable no es preguntar en un foro: es consultar a un contador o asesor fiscal antes de gastar el dinero.

Prevención y juego responsable: lo que existe, lo que no y lo que igual te sirve

Vamos con la parte que se lee menos y decide más. En México no hay un registro nacional de autoexclusión. Esa frase hay que decirla completa y sin adornos, porque tiene una consecuencia práctica enorme: no existe una lista única que puedas firmar para que ninguna casa te acepte una apuesta. Existen herramientas internas, casa por casa, y cada una funciona en su propio jardín.

Una credencial de elector junto a un celular con una cuenta regresiva en la pantalla sobre una mesa de cocina
El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica.

Lo que sí existe en el horizonte legal es una propuesta: la iniciativa para abrogar la ley de 1947, de octubre de 2025, contempla mecanismos de autoexclusión, una edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso. Mientras sea propuesta, la autoexclusión mexicana es un trámite privado dentro de una plataforma. No lo digo para desanimarte, lo digo para que no confundas el botón con una barrera. El botón sirve, y sirve menos de lo que su nombre promete.

Límites de depósito y de pérdida: qué se puede configurar hoy

Las casas publican herramientas de juego responsable: pausas, límites de depósito y autoexclusión interna, y eso es lo que cada marca lista en su propia ficha pública. No hay un límite estatutario de depósito ni de pérdida, y tampoco hay una cuenta temporal prevista en la ley. Todo lo que configures es una decisión tuya dentro de un sistema de la casa, no un derecho que puedas exigir.

Eso no lo vuelve inútil. Un límite de depósito que pones en frío, un domingo por la mañana, con la cabeza clara, vale más que cualquier promesa que te hagas el viernes por la noche. La trampa es la misma en todas las plataformas: el límite casi siempre se puede bajar al instante y casi nunca se puede subir de inmediato. Está diseñado así a propósito, y el diseño está de tu lado. Si vas a usar una sola herramienta, usa esa.

El límite de pérdida es más raro, porque exige que la casa haga una cuenta que no le conviene hacer. Y la autoexclusión interna tiene un alcance limitado: te cierra la puerta de una casa, y hay más. Un registro nacional resolvería ese agujero; no existe. Mientras no exista, quien de verdad necesita parar necesita cerrar cuentas, no solo activar un botón en una de ellas.

Cómo se deteriora una cuenta: señales que aparecen antes del problema

Nadie empieza con un problema. Empieza con un bono, sigue con una racha, y en algún punto aparece una de estas tres cosas.

La primera es el cambio de tamaño. Depositabas 200 pesos y ahora depositas 1,000 sin que tu ingreso haya cambiado. El tamaño de la apuesta es un dato objetivo, no un sentimiento, y es el primero que se mueve.

La segunda es la apuesta por recuperar. Aparece un boleto hecho no porque el mercado esté bien, sino porque el anterior salió mal. En ese momento ya no estás evaluando un momio: estás reparando una herida. Y aquí es donde el margen del que hablamos arriba se vuelve carísimo, porque un apostador que persigue recircula el mismo peso varias veces en una tarde y paga el margen en cada vuelta.

La tercera es el préstamo. Dinero de un tercero, dinero que no era para esto. Es la señal que ya no admite interpretación.

Para cualquiera de las tres, la salida empieza por lo mismo: límites de depósito, pausas y, si hace falta, la autoexclusión interna de cada casa donde tengas cuenta. Y una conversación con alguien, porque el aislamiento es lo que sostiene al problema.

Verificación de identidad y datos: por qué te piden tanto

Las casas verifican a sus usuarios, y las operaciones relevantes se reportan a la UIF y al SAT, porque el juego es una actividad vulnerable frente a la ley antilavado. Los documentos exactos que pueden exigirte no están establecidos en un estatuto; cada casa arma su propio procedimiento de verificación de identidad, y por eso una te pide la credencial y otra te pide además un comprobante de domicilio.

El costo para ti es tiempo, y hay un momento concreto en que duele: el retiro. La verificación se hace normalmente al abrir la cuenta y, si no se hizo, reaparece justo cuando ganas y quieres cobrar. Ese retraso no es mala fe necesariamente, pero sí es evitable, y se evita terminando la verificación el día que te registras, no el día que cobras.

Ese mismo procedimiento explica otra cosa: los retiros van a una cuenta a nombre del jugador. No es una manía de la casa. Es el resultado de un sistema que exige saber de quién es el dinero.

Las nueve casas de apuestas en México: qué cuesta cada una y a quién le sirve

Las nueve fichas que siguen describen lo que cada marca declara sobre sí misma y lo que las compilaciones reportan. No es un ranking de calidad —para eso hacen falta precios por mercado que solo se pueden leer mercado por mercado— y no es una recomendación. Es la radiografía del modelo mexicano: quién tiene qué, quién dice qué y qué le queda por demostrar.

Strendus: el permisionario con tres números y dos titulares

Strendus opera bajo permiso de la Secretaría de Gobernación con los números DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según lo reporta casasdeapuestaslegales.mx, y el titular que nombran las fuentes es Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads, sin que las compilaciones se pongan de acuerdo. La confirmación oficial no existe: la lista de la Dirección General de Juegos y Sorteos no pudo abrirse.

Tres números de permiso en una sola marca y dos titulares posibles: ese es el retrato de la transparencia mexicana. No significa que Strendus no tenga permiso —significa que un lector que quiera comprobarlo va a encontrar versiones distintas según dónde mire, y ninguna con el sello de la autoridad. Lo que la marca controla es la operación diaria; lo que no controla es el desorden documental que la rodea.

Lo que de verdad pesa en el bolsillo del lector es otra cosa: aquí no hay ni una ficha de la propia marca que declare condiciones de retiro, tiempos de pago o métodos aceptados. Todo lo que se sabe de Strendus en esta guía se refiere a su envoltura legal. El juicio es incómodo pero directo: es una marca con permiso declarado y con una capa de comprobación fina, y eso importa más para quien planea dejar un saldo grande adentro que para quien apuesta cien pesos los domingos.

Caliente: la casa que publica su propio permiso

Caliente opera con el permiso DGG/SP/404/97, que aparece en el pie de su propio sitio, y la operadora del sitio es Tecnología en Entretenimiento Caliplay. El pie lo presenta como autorización de la Secretaría de Gobernación, y el propio pie advierte que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable.

Ese pie de página es lo más parecido a documentación limpia que hay en estas nueve. El número lo publica la casa, no un comparador; el aviso de edad y el juego responsable están en el mismo bloque. Es un nivel de formalismo que no garantiza la calidad del momio ni la rapidez del retiro, pero sí indica que la marca decidió no depender de que un tercero la cite bien.

Ahí está el matiz que impide llamarla la mejor. Caliente tiene el permiso mejor documentado y eso no la convierte automáticamente en la casa más barata ni en la que más deportes cubre. Lo que sí hace es cargar sola la prueba en la fila de la tabla, y quien vaya a depositar una cantidad que le importe hará bien en empezar por aquí y comparar el resto de los precios contra este punto.

Pickwin: el permisionario compartido y el número que no cierra

Pickwin opera bajo el permiso de la SEGOB de su permisionario, con un número que aquí no se imprime: las fuentes se contradicen entre sí, y el número que da una de las compilaciones es el que el pie de Betcris muestra para Producciones Móviles. El titular que nombran las fuentes es Producciones Móviles, junto con Unocapali La Paz Operadora.

El dato no es un descuido de Pickwin; es una consecuencia del modelo. Producciones Móviles sostiene al menos dos marcas —Betcris y Pickwin— y cuando un grupo comparte permisionario, los números empiezan a circular entre las marcas hasta que ya nadie sabe cuál va con cuál. Para el lector el efecto es concreto: si tuviera que reclamar contra Pickwin, la primera dificultad no sería probar que tiene permiso, sino averiguar bajo qué número se registró la operación.

La conclusión cabe en una línea, y no es un juicio sobre la marca sino sobre lo que se puede verificar sobre ella: con el rastro documental en este estado, Pickwin es una casa para apostar cantidades que no te pesaría dejar en pausa un mes.

Betway: el permiso corto y la marca global

Betway opera bajo el permiso de la SEGOB número 4184, según una compilación especializada, con Espectáculos Deportivos Frontón México como titular, y sin confirmación oficial porque la lista de la Dirección General de Juegos y Sorteos no pudo abrirse.

Un número de cuatro dígitos junto al nombre de un frontón. Es el contraste más útil de toda la lista: la marca que ves es global, el papel que la sostiene es local y tiene más de un siglo de antigüedad institucional. Quien firma la responsabilidad en México no es una empresa tecnológica internacional, es el frontón. Eso no es un defecto —es la manera en que la ley mexicana permite que exista una marca extranjera aquí— pero sí cambia dónde tendrías que ir si algo va mal.

Betway es una opción sensata para quien valora una interfaz conocida y no quiere llevarle la cuenta al permisionario. El precio de esa comodidad es que el nombre que la respalda es un tercero cuya relación contractual con la marca no está publicada en ninguna parte.

Betcris: el pie de página contra la tabla del propietario

Betcris opera bajo el permiso de la SEGOB de su permisionario, con un número que aquí no se imprime porque el del pie de su propio sitio y el de la tabla del propietario no coinciden: el pie muestra un número a nombre de Producciones Móviles y la compilación otro. El titular que nombran las fuentes es Producciones Móviles. Además, el pie de Betcris identifica la empresa del sitio como TV Global Enterprises Ltd. y una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008, vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026.

Ese segundo dato merece una pausa, porque es el único de los nueve que trae una licencia extranjera con vigencia impresa. La licencia maltesa no es un permiso mexicano: no autoriza apostar en México ni cubre a un jugador mexicano ante una autoridad mexicana. Lo que sí demuestra es que el grupo mantiene un cumplimiento en otra jurisdicción y con fechas auditables, y eso distingue a Betcris de una marca anónima.

Con dos permisos impresos que no cuadran entre sí y una licencia europea que sí cuadra, Betcris es probablemente la casa de esta lista con el expediente más largo y más confuso. Para quien opera en montos bajos, es un intercambio razonable. Para quien piensa mantener un saldo alto, la falta de coincidencia entre el pie de la casa y la tabla del propietario es exactamente el tipo de detalle que conviene anotar antes y no después.

1xBet: el número de permiso y el titular que no aparece en la tienda

1xBet opera bajo el permiso DGJS/0002/2020, según una compilación especializada, con Entretenimientos Naturales como titular nombrado por las fuentes, y sin confirmación oficial: la lista de la DGJS no pudo abrirse y esa misma fuente no pudo confirmar el dominio 1xbet.mx. La App Store lista la app bajo 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular nombrado.

Ahí está el hueco, y no es un detalle técnico: el nombre que sostiene el permiso y el nombre que firma la aplicación en la tienda de Apple no son el mismo. Puede haber una explicación perfectamente legal —grupos empresariales con vehículos distintos para productos distintos— pero esa explicación no está publicada en ningún sitio que un apostador pueda leer. Y el desfase no está en un papel secundario: está en la ficha desde la que la mayoría de la gente instala la app.

Ese es el punto que debe decidir la relación de un lector con 1xBet. Una marca donde la cadena entre permiso, operadora y aplicación tiene un eslabón que no se puede seguir es una marca para usar con lo que puedas perder sin que te quite el sueño, o para no usar, según la tolerancia de cada quien.

Novibet: el permiso con titular de frontera

Novibet opera bajo el permiso DGJS/DCRCA/1121/2020, según una compilación especializada, con Comercial de Juegos de la Frontera como titular nombrado por las fuentes, y sin confirmación oficial porque la lista oficial no pudo abrirse.

El nombre del permisionario —Comercial de Juegos de la Frontera— describe bien el modelo mexicano: empresas cuyo negocio original fue otra cosa y que hoy sostienen operaciones digitales. Es un titular identificable, lo cual ya es más de lo que tienen varias marcas de esta lista, y viene con la misma limitación que las demás: la confirmación está en una fuente, no en un registro público.

Novibet funciona como opción cuando el lector ya conoce la marca por otros mercados y quiere una operación en pesos con respaldo local. La advertencia es la misma que aplica a toda esta lista, y por eso vale repetirla una sola vez en la guía: el respaldo existe en el papel, y el papel no ha sido confirmado por la autoridad que lo emitió.

Codere: la marca con dos permisos y ficha pública detallada

Codere opera bajo los permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación especializada, con Libros Foráneos (Codere México) como titular nombrado por las fuentes, y sin confirmación oficial porque la lista de la DGJS no pudo abrirse. Es, además, la única marca de las nueve cuya ficha pública de aplicación declara detalles de protección al usuario: la app de Codere México dice operar con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta.

Esa ficha es lo que separa a Codere de las demás en esta comparación, y no es un detalle menor. Una política de cierre de cuenta publicada en la tienda de aplicaciones significa que la casa se comprometió por escrito a un procedimiento que puedes invocar. Es una de las pocas cosas de esta guía que funcionan a tu favor de manera comprobable, porque está en un escaparate público y no en un PDF enterrado.

La marca trae además dos permisos, lo que sugiere una estructura documental más antigua y más trabajada que la de otras. El costo no aparece por ningún lado en la información disponible, y eso mismo es el límite: sin precios por mercado ni condiciones de retiro publicadas, la ventaja de Codere es la seriedad del envoltorio, no una ventaja económica demostrada.

Playdoit: el permiso antiguo y la marca de la casa

Playdoit opera bajo el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según una compilación especializada, con Eventos Festivos de México como titular nombrado por las fuentes, y sin confirmación oficial porque la lista de la Dirección General de Juegos y Sorteos no pudo abrirse.

Un número de 2005. Ese es el dato, y dice algo que ninguno de los otros permisos dice: la operación que hoy sostiene a Playdoit viene de una época anterior a las apps de apuestas, cuando el negocio estaba en los establecimientos. Es una continuidad, no una concesión reciente obtenida al calor del mercado digital.

Esa antigüedad es una virtud discreta. Los permisionarios que llevan dos décadas en el sector tienen una relación institucional con la autoridad que un recién llegado no tiene, y esa relación es un activo cuando el ambiente regulatorio se pone difícil. Lo que no dice el número es nada sobre los momios, la velocidad de pago o la atención al cliente, y por eso la lectura honesta es que Playdoit es un nombre estable antes que una opción demostrada mejor.

Preguntas frecuentes sobre casas de apuestas confiables en México

¿Cómo puedo comprobar que una casa de apuestas opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?

El registro público completo no puede consultarse, así que la comprobación es indirecta. Revisa el pie de página del sitio: debe nombrar a un permisionario y, si es transparente, un número de permiso. Compara ese nombre con las compilaciones que circulan, sabiendo que algunas se contradicen. Si los datos no cuadran, trata el permiso como declarado pero no confirmado.

¿Que una casa use un dominio .mx significa que tiene permiso en México?

No. El dominio es un registro técnico, no una autorización: cualquiera puede rentar un .mx y montar un sitio. De hecho, los conteos de operadores digitales en dominios mexicanos varían mucho según la fuente consultada. El dominio no prueba nada sobre el permiso, que es un acto administrativo de la Secretaría de Gobernación y no una compra de nombre.

¿Existe un registro nacional de autoexclusión y cómo funciona la autoexclusión voluntaria?

No existe un registro nacional. La autoexclusión voluntaria funciona solo dentro de cada casa, como herramienta interna que algunas plataformas listan y otras no ofrecen. Eso significa que cerrar la puerta de un sitio no te cierra la de los demás. Una iniciativa de octubre de 2025 propone crearlo, pero es propuesta y no ley vigente.

¿Cómo se ponen límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?

Depende de las herramientas que cada plataforma tenga, porque no hay un límite estatutario de depósito ni de pérdida ni una cuenta temporal en la ley. En la práctica se configuran dentro de la cuenta. Un detalle constante: bajar el límite suele aplicarse de inmediato y subirlo casi nunca, diseño que juega a tu favor si lo usas en frío.

¿Qué riesgos tengo si apuesto en una casa sin permiso en México?

Pierdes la protección que da un permisionario local: no hay autoridad mexicana que sancione a nadie, ni un expediente que puedas invocar, ni en la práctica un lugar al que reclamar por un retiro que no llega. A eso se suma que las operaciones con permiso tienen controles antilavado y avisos verificables, y un sitio sin permiso no rinde cuentas ante nadie. Cuánto arriesgas depende de cuánto dejes dentro.

¿Se pagan impuestos por los premios de apuestas en México y quién los retiene?

Sí. Los premios de juegos con apuestas legalmente autorizados son ingreso, y quien paga el premio retiene: 1 % si el impuesto estatal no excede de 6 %, y 21 % si es mayor. La retención es pago definitivo solo si presentas la declaración cuando estás obligado; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita.

Elaborado por el equipo de «Guiademomios».

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