Apuestas deportivas virtuales: la casa se queda 5,3 % de cada momio

Updated noviembre 2026
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El fútbol virtual no se juega en ningún estadio. Es una simulación que produce una computadora y cuyo resultado determina un generador de números aleatorios, no un partido real. Esa frase, escrita por cualquiera que haya abierto una enciclopedia, es la que más incomoda a la publicidad del sector: si no hay partido, no hay lesión, no hay vestidor, no hay alineación filtrada y no hay nadie a quien preguntarle por qué el delantero se quedó con la pelota. Lo que sí hay es un momio, y el momio es donde vive el negocio. Ese es el hilo de esta página: no si los deportes virtuales son entretenidos, sino cuánto de cada peso que entra a un mercado virtual se queda del otro lado del mostrador antes de que empiece cualquier discusión sobre acertar o fallar.

Un boleto de apuesta con varias selecciones marcadas con bolígrafo sobre un mostrador de madera
La app de Betano, bloqueada desde noviembre de 2025, ofrecía deportes virtuales junto con apuestas deportivas y casino.

Antes de seguir, la parte administrativa, porque aquí se cae la mitad del folleto. México no tiene una licencia para apostar en línea ni una ley escrita para internet. Lo que existe es la Ley Federal de Juegos y Sorteos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 31 de diciembre de 1947, que prohíbe los juegos de azar y las apuestas con apuestas en todo el territorio salvo los que autoriza expresamente, y un Reglamento cuya reforma del 16 de noviembre de 2023 dejó claro en su artículo 2 que lo que no está previsto está prohibido. Las marcas en línea no tienen permiso propio: operan colgadas del permiso de un permisionario con local físico. La palabra correcta es “permiso”, no “licencia”, y la autoridad es la Secretaría de Gobernación, con la Dirección General de Juegos y Sorteos haciendo el trabajo fino de autorizar, vigilar, sancionar y cerrar.

Datos actualizados a 6 noviembre 2026; las vigencias de permiso se contrastaron con lo que declaran los pies de página de cada operador y con los compilados públicos de casas de apuestas, que no coinciden entre sí y que no pudieron cotejarse contra la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos.

Un aviso de método que también es de dinero: aquí los momios se escriben en forma decimal con punto, 1.85, como los publica el mercado mexicano, y el separador de miles es una coma, como manda el peso. Escribo “momio” y no “cuota” porque en México se dice momio, y quien llegue buscando “cuota” de todos modos va a entender.

Qué es en realidad una apuesta de deportes virtuales

El boleto se ve familiar y no lo es. En un partido de verdad apuestas sobre once personas a las que les pasan cosas; en un deporte virtual apuestas sobre una secuencia de números que ya estaba generada cuando la viste. La carrera de galgos virtuales, el fútbol simulado, las carreras de caballos que corren en pantalla cada dos minutos y el baloncesto de dos minutos y medio comparten esa arquitectura: el evento existe para producir un resultado sobre el que se pueda abrir un mercado, y el resultado se produce cuando el sistema decide producirlo.

Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo
Betano está bloqueada desde noviembre de 2025 (congelamiento de cuentas de la UIF).

De ahí sale un calendario que ninguna liga real puede ofrecer. En un deporte virtual no hay descanso ni temporada muerta; la frecuencia depende del ciclo que el operador configure, y el ciclo se repite mientras haya alguien mirando la pantalla. Eso es exactamente lo que lo vuelve peligroso para un presupuesto pequeño: la barrera entre un boleto y el siguiente deja de ser la espera de un partido y pasa a ser el tiempo que tardas en mover el dedo.

La simulación no es un detalle decorativo. Si el resultado lo fija un generador aleatorio, entonces ningún conocimiento del deporte real vale nada dentro de un mercado virtual: la estadística de córners de un equipo, la racha del portero, la forma del nueve, todo eso describe un equipo distinto del que corre en la pantalla. La única información disponible es la del mercado mismo —qué momio hay, cuántos resultados tiene, cuánto paga cada uno— y esa información siempre la escribió la casa. Un apostador que se sabe de memoria las alineaciones del fútbol mexicano llega a un mercado virtual con la misma desventaja que quien nunca ha visto un partido, y ese es el dato más útil que puede llevarse de esta sección.

Formato, mercados y momios: cómo se arma el boleto virtual

La apuesta sencilla y la combinada

La apuesta sencilla pone todo sobre un resultado: gana el local, gana el visitante, empatan, o un mercado de más/menos, o un hándicap que le quita un gol al favorito antes de empezar. La combinada —parlay, en el habla común de la calle mexicana— encadena varias selecciones de un solo boleto y multiplica los momios de todas las patas. Aquí conviene detenerse en la aritmética, porque el parlay es el producto que más se parece a una promesa y menos se comporta como una: las ventajas del operador de cada pata no se suman, se multiplican entre sí. Con dos selecciones, ya se acumularon dos márgenes. Con seis, se acumularon seis.

El pago de cada formato sigue la misma regla, y la regla es la única que el jugador controla: el premio es la cantidad apostada multiplicada por el momio que estaba fijo en el momento de cerrar el boleto. Un boleto de 100 pesos a momio 1.90 devuelve 190 pesos si acierta, de los cuales 90 son ganancia. Si ese mismo boleto fuera una combinada de tres patas con momios 1.90 cada una, el momio final sería 6.859 y los 100 pesos volverían como 685,90 pesos, con 585,90 de utilidad. Las cifras son las mismas antes y después de que el sistema simule una sola jugada: el ajuste en vivo de un deporte virtual no es un equipo reaccionando, es un número que se mueve.

Dónde queda el margen de la casa

Ningún momio es una probabilidad. Cada momio es una probabilidad inflada un poco para que el conjunto de todos los resultados de un mercado pague menos de lo que recauda, y esa diferencia tiene nombre. La forma de verla es invertir los momios de todos los resultados de un mismo mercado, sumarlos y quedarse con el resultado: la cifra que sale es la proporción de todo lo apostado que ese mercado devuelve, y lo que falta hasta el 100 % es lo que retiene la casa.

Con el ejemplo de un mercado de dos resultados a momio 1.90 y 1.90 —ejemplo aritmético, no una cotización publicada por ninguna marca—, la inversión de cada momio es 0,5263 y su suma es 1,0526. El resultado es que ese mercado devuelve alrededor de 95 centavos por cada peso apostado, y la casa se queda con cerca de 5 centavos. Por eso el dato final hay que darlo como banda y con su condición: en un mercado a dos resultados que reparte entre el 94 % y el 96 % de lo recaudado, la retención va del 4 % al 6 %, y una banda del 4 al 6 % es un rango honesto porque cada casa fija su propio reparto y lo mueve por deporte, por liga y por mercado.

De esa retención sale casi todo lo demás. Sobre dos resultados con 1.90 por lado, una serie larga de apuestas al azar pierde alrededor de cinco pesos por cada cien jugados, sin que importe cuál de los dos lados se elija y sin que importe si el sistema de selección fue un ritual de tres pasos. La cifra de la banca no se mueve porque el margen viaja dentro del momio; el ajuste vive ahí desde el momento en que se abre el mercado, y no aparece después como un cargo en el estado de cuenta. Eso, para lo bueno y para lo malo, es el costo real de jugar deportes virtuales. No hay comisión visible y no hace falta que la haya.

Qué se puede jugar y en qué competencias

Carreras de galgos y de caballos virtuales

El galgo de píxeles y el caballo de píxeles son las puertas de entrada clásicas del género. La lógica del mercado es la que ya describí: varios corredores, cada uno con su momio, un resultado por carrera y una nueva carrera a los pocos minutos. Es el formato que más se parece a un hipódromo sin la tarde en el hipódromo, y el que mejor expone por qué el margen cuenta más que el análisis: entre dos carreras consecutivas no se puede saber nada nuevo sobre los competidores, porque los competidores acaban de nacer.

Aquí, sin embargo, hay un cruce con el derecho que conviene tener presente, aunque no cambie el precio de un solo boleto. Las apuestas mutuas y las carreras de caballos están reguladas en hipódromos, galgódromos y frontones, con su figura de cruce de apuestas, y el Reglamento prohíbe en esas áreas la participación de menores de edad. El deporte virtual no tiene esa regulación propia: el Reglamento no dedica un artículo a los deportes virtuales ni a los esports, y opera dentro del permiso general del permisionario. La simulación de galgos se parece al galgódromo, pero en papel no es el galgódromo.

Ese hueco normativo tiene un efecto práctico para quien juega y no para quien legisla. Un mercado virtual no arrastra las condiciones que sí tiene el juego autorizado de pista, así que lo que protege al apostador no es la ley, es la casa: sus límites, su verificación, sus avisos. Y eso lo decide cada marca, no la Dirección General de Juegos y Sorteos.

Fútbol virtual y ligas simuladas

El fútbol virtual es el corazón del catálogo, y su variedad local es la que explica el volumen. Existen ligas simuladas que se anuncian con nombres que suenan a campeonato real, y ahí es donde la cabeza juega una mala pasada: el nombre de la competencia produce la sensación de que hay historia, tabla, racha, algo que aprender. No hay nada que aprender. El generador de números aleatorios no consulta la tabla, no le tiene respeto al campeón y no gana menos cuando el equipo chico le juega bien.

La consecuencia es una recomendación que suena fría y es la más rentable del artículo: en un mercado virtual, el trabajo de investigación se hace sobre el mercado y no sobre el equipo. Cuántos resultados tiene, cuánto paga el favorito, cuánto paga el empate en un deporte donde el empate es un resultado posible, si el mercado tiene dos o tres salidas. Ahí está toda la información que existe, y toda está del lado del operador. El aficionado que llega con su conocimiento de la Liga MX real no llega con ventaja; llega con una ventaja imaginaria.

Los nueve operadores con permiso de la SEGOB, uno por uno

Novibet: la ficha ordenada de un permiso firmado en 2020

Novibet aparece con permiso de la SEGOB DGJS/DCRCA/1121/2020, según el compilado de casasdeapuestaslegales.mx, con Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. como titular declarado. La cifra tiene la virtud de ser concreta y la desventaja de venir de una compilación y no de una lista oficial abierta, así que se lee como lo que es: el número que maneja esa fuente. En deportes virtuales, la marca no declara nada en la ficha con la que se le puede atribuir el producto, así que aquí no se le cuelga el género.

Lo que sí deja una impresión es la limpieza del registro. Un permiso de 2020 con un titular nombrado y una estructura de número legible es lo que un apostador quiere ver cuando compara marcas, y es una impresión, no una garantía. El número ordenado del expediente es el aporte de Novibet a la comparación: no el catálogo más vistoso, sino el trámite que al menos se puede leer en voz alta.

Caliente: el operador que sí dice qué vende y qué paga

Caliente es el caso más interesante del grupo porque es el único que deja ver, en su propio material público, cómo se cruza el deporte con el producto virtual. Su permiso es DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de la página del propio sitio del operador, con Tecnología de Entretenimiento Caliplay S.A.P.I. de C.V. como responsable del sitio y como editor de la app Caliente Deportes, en su versión 8.12.1 del 20 de octubre de 2026. Ese permiso no se confirmó oficialmente y el número viene del sitio del propio operador, cosa que conviene tener presente: es la marca hablando de sí misma, aunque hable en el registro correcto.

Sobre el producto, la ficha de la app dice cosas concretas: transmisión en vivo, creador de apuestas con el nombre “crea tu apuesta”, depósitos y retiros desde el celular, promociones y eventos virtuales. Los eventos virtuales están ahí, entre las apuestas que la ficha lista, y eso lo convierte en una de las dos marcas del grupo que el propio listado asocia al género. El detalle de los 18 años también está en la ficha, igual que la restricción de edad en el pie de página del sitio, que además pide “divertirse con responsabilidad” y enlaza una sección de juego responsable.

Y luego está el dinero, que es donde esta marca merece un párrafo aparte. En el encabezado del sitio se anuncian $1,000 MXN sin depósito y la duplicación del primer depósito hasta $7,000 MXN, y la página no aclara si las dos ofertas valen solo para apuestas deportivas. Ese hueco en la letra chica importa más de lo que parece: dos bonos con requisitos probablemente distintos, presentados en la misma línea del encabezado, se leen como una sola promesa grande. Sobre el bono sin depósito, reseñas de casas de apuestas publican un rollover de 10 veces, marcado como no verificado, y el plazo, los momios mínimos y el rollover del bono de primer depósito cambian de una reseña a otra. Diez veces el rollover significa que para liberar $1,000 hay que mover $10,000 en apuestas, y que un boleto a momio 1.20 no cuenta igual que uno a momio 1.80 si el requisito fija un momio mínimo. La cifra exacta del requisito de la segunda oferta no la publica la fuente de forma consistente, y eso no es un dato menor: es la parte del bono que decide si el bono cuesta dinero.

Un inciso necesario antes de seguir con las marcas, porque el párrafo siguiente vale para todas y no se repite en cada una. Los deportes virtuales no tienen un artículo propio en el Reglamento: ni los esports, ni las apuestas en vivo, ni los tipos de apuesta. Lo que sí existe es el marco general —la Ley de 1947 que prohíbe lo no autorizado, el Reglamento que declara prohibido lo no previsto y el permiso del permisionario como única puerta—, y existe la práctica reportada de que un permisionario opera varias marcas a la vez. Esa es la regla del género virtual: la ley no lo menciona, el permiso sí lo cubre, y quien responde por el permiso es un tercero que nunca aparece en la pantalla.

Betway: dos mil eventos por semana y un club de apuestas gratis

Betway anuncia en la ficha de su app más de 2,000 eventos por semana, los momios mejorados que llama “Super” y “Ultra”, el creador de apuestas “Crea Tu Apuesta” y un club con apuestas gratis semanales. El permiso que se le atribuye es el 4184, según casasdeapuestaslegales.mx, con Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. como titular nombrado por esa fuente, marcado como no confirmado oficialmente.

Los 2,000 eventos semanales son un catálogo grande y son, al mismo tiempo, la cifra que un apostador no debe leer como cobertura: un evento nuevo es una oportunidad nueva y también un mercado más en el que el margen trabaja. El club con apuestas gratis semanales es el gancho más honesto del grupo, porque no promete un bono de bienvenida descomunal sino una costumbre recurrente, y una costumbre recurrente vale lo que valga cada apuesta gratis: el valor de una apuesta gratis cuyo importe no se devuelve nunca es el importe completo, porque de ese boleto solo se cobra la ganancia. La app no publica el momio mínimo para que esa apuesta libre cuente, y sin ese dato el valor del club es una estimación, no un número.

En deportes virtuales, la ficha no menciona el producto. La marca se sostiene en catálogo y en momios mejorados, y eso es un argumento de deporte real, no de simulación.

Playdoit: el permiso que arrastra dos décadas de historia

Playdoit aparece con permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx, con Eventos Festivos de México como titular declarado y la misma advertencia de siempre: no confirmado oficialmente. Un permiso de 2005 dice algo sobre la antigüedad del permisionario y nada sobre lo que la marca te va a cobrar mañana.

La marca no publica en su ficha de tienda un catálogo de deportes virtuales que se pueda citar, y por eso aquí no se le atribuye el género. Lo que sí se puede decir es que su expediente entra en el grupo de las marcas amparadas por compilaciones y no por una lista oficial, y que un apostador que quiera verificar el número tiene enfrente la misma puerta que todos: el propio sitio del operador y la lista que publica la Dirección General de Juegos y Sorteos, esa que se supone existe en formato PDF y que en la práctica ha resultado esquiva.

Pickwin: cuando dos compilaciones no coinciden en el número

Pickwin es el caso donde el papeleo pierde. Se le atribuye un permiso de la SEGOB con número DGJS/DCRCA/1584/2019 en una compilación, y otra fuente da DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER, con Producciones Móviles S.A. de C.V. y Unocapali La Paz Operadora como titulares nombrados. Los números de permiso se contradicen, y el blog de la propia marca es una de las fuentes que los publica. Por eso aquí no se imprime ninguno: cuando dos números no cuadran, el número deja de ser un dato y se convierte en una adivinanza con formato oficial.

Eso no convierte a Pickwin en una marca sin permiso, y no voy a escribir lo que no sé. Convierte al permiso en un dato que el apostador no puede tomar de segunda mano, y en un mercado donde el número de permiso es lo único que distingue a un operador amparado de una página que apareció ayer, eso es un costo real. Si el deporte virtual es el producto que interesa, la verificación no se hace en un comparador: se hace en el propio operador y con la autoridad en la mano.

Codere: treinta deportes y el aviso de juego responsable en su propia ficha

Codere trae el catálogo más detallado del grupo. Su app cubre más de 30 deportes con estadísticas en vivo, creador de apuestas, momios mejorados y apuestas gratis, y su ficha declara que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Ese último elemento no lo tiene cualquier marca en su ficha: una política de cierre de cuenta publicada es una herramienta, y las herramientas son la única protección operativa que existe en un mercado sin registro nacional de autoexclusión.

El permiso que se le atribuye son DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según Apuestas Legales, con Libros Foráneos S.A. de C.V. como titular de Codere México, no confirmados oficialmente. Los 30 deportes son un catálogo ancho; la cifra dice cobertura y no dice nada del precio, y ese es el error que conviene no cometer al leer una ficha de tienda de aplicaciones: el número de deportes se siente como calidad y es solo cantidad.

En deportes virtuales, la ficha de Codere no menciona el producto, así que no se le cuelga.

Strendus: tres permisos y dos titulares distintos

Strendus suma tres números de permiso atribuidos —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx— y las compilaciones no se ponen de acuerdo ni en el titular: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads. Tres números y dos titulares para una sola marca es exactamente el tipo de expediente que un apostador debe tratar como pendiente de verificación, y ninguna de las dos versiones tiene respaldo oficial abierto.

Aquí la consecuencia práctica es de método, no de precio. Cuando el titular de un permiso aparece con dos nombres y el permiso con tres números, el apostador que quiere certeza tiene que ir al pie de página de la marca y buscar el nombre exacto de la empresa responsable, que es la entidad con la que en teoría tiene una relación contractual. Ese pie de página casi nunca se mira, y es el único documento del operador que un jugador tiene en la mano antes de depositar.

Betcris: parlays del mismo juego y retiros rápidos

Betcris destaca en su ficha el parlay del mismo juego, el retiro anticipado, las apuestas a jugadores, los retiros rápidos, los métodos de pago locales y la atención en español. Es la marca que más claramente vende producto de apostador experimentado: el parlay del mismo juego acepta el problema de correlación que cualquier manual de combinadas advierte, y el retiro anticipado es la función que convierte un boleto abierto en un número que ya no depende del resultado.

Ese retiro anticipado merece una advertencia que la publicidad no pone en primer plano: cobrar antes de tiempo no es recuperar la apuesta. La casa ofrece un importe calculado por ella, y ese importe suele estar por debajo de lo que pagaría el boleto al final, porque el operador no regala la certeza que te está vendiendo. El permiso atribuido a Betcris no se imprime aquí: el número que muestra el pie de su propio sitio y el que aparece en la tabla del propietario son distintos, y cuando dos documentos de la misma familia no coinciden, el número no es un dato utilizable.

En deportes virtuales, la ficha no declara el producto, así que no se le atribuye.

1xBet: mucho producto y una empresa en la ficha que no es el titular

1xBet es el expediente más enredado del grupo y conviene decirlo sin adornos: los titulares no cuadran entre sí. Se le atribuye el permiso DGJS/0002/2020, según Apuestas Legales, con Entretenimientos Naturales como titular, y esa misma fuente no pudo confirmar ni el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial; la ficha de la App Store publica la aplicación a nombre de 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular nombrado. Una app editada por una sociedad diferente de la que supuestamente sostiene el permiso es una señal que merece leerse dos veces, sobre todo en un mercado donde el permiso es la única prueba de que hay alguien del otro lado.

Para el apostador, la consecuencia es un orden de operaciones: antes de depositar conviene verificar quién aparece como responsable en el pie del sitio, qué empresa publica la aplicación y si ambas coinciden con el titular del permiso que la marca anuncia. En esta marca, esos tres nombres no coinciden, y ese es el hallazgo, no el catálogo.

La comparación en una tabla: permiso declarado y respaldo del producto

La tabla de abajo hace una sola cosa, y por eso tiene solo tres columnas: pone un lado del otro el número de permiso tal como lo declara cada fuente y el respaldo que existe sobre el deporte virtual en cada marca. No es un ranking; el orden es el que fija la revisión, y una marca ausente no es una marca sin permiso. Ninguna de las casillas de la tercera columna sale de la propia casa: son las fichas de tienda de aplicaciones de cada marca, citadas como tales.

Marca Permiso declarado de la SEGOB (según la fuente citada, no confirmado oficialmente) Deporte virtual en el catálogo del operador
Novibet DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx El listado de la marca no menciona el producto
Caliente DGG/SP/404/97, mostrado en el pie del sitio del propio operador Los eventos virtuales aparecen entre las apuestas de su ficha de tienda
Betway 4184, según casasdeapuestaslegales.mx El listado de la marca no menciona el producto
Playdoit DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx El listado de la marca no menciona el producto
Pickwin No se imprime: las compilaciones se contradicen entre sí El listado de la marca no menciona el producto
Codere DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según Apuestas Legales El listado de la marca no menciona el producto
Strendus DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx El listado de la marca no menciona el producto
Betcris No se imprime: el pie del sitio y la tabla del propietario dan números distintos El listado de la marca no menciona el producto
1xBet DGJS/0002/2020, según Apuestas Legales El listado de la marca no menciona el producto

Lo que la tabla deja ver no es que ocho marcas callen sobre los deportes virtuales, sino que la única que lo declara en su propia ficha lo hace de paso, entre la transmisión en vivo y las promociones. El deporte virtual es producto de catálogo, no de escaparate, y una marca que no lo promociona en su ficha tampoco lo esconde. Un apostador que llegue buscando el producto tiene que abrir la app y mirar ahí, en el menú real, dónde vive el género y con cuántos mercados. Ese minuto de exploración vale más que cualquier casilla de comparador, porque el catálogo cambia sin que nadie publique el cambio.

Y sobre la segunda columna hay que ser explícito: el número de permiso es la única credencial que un operador en línea puede mostrar en México, y en este grupo de nueve todas las credenciales vienen de compilaciones o de pies de página propios, con dos marcas donde ni siquiera se puede imprimir una cifra. La lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos —que se supone publica los sitios autorizados— no se pudo abrir para cotejar. Un apostador que quiera certeza documental tiene ahí su tarea pendiente, y es una tarea que se hace antes de depositar, no después.

Los fundamentos: cómo se apuesta, cómo se liquida y cómo se cobra

Qué se apuesta y qué no

La apuesta deportiva está permitida solo por la vía del permiso de la SEGOB de un permisionario. Los deportes virtuales, las apuestas en vivo, los esports y los tipos de apuesta no tienen regla propia en los artículos del Reglamento que se han revisado: viven dentro del permiso general o no viven. Las apuestas mutuas y las carreras de caballos tienen su propio carril, en hipódromos, galgódromos y frontones, con la figura del cruce de apuestas y con la prohibición de que menores de edad participen en esas áreas. La Lotería Nacional queda fuera del Reglamento por su artículo 1.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
La ficha de la app de Codere México dice que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta.

En apuestas de intercambio no hay disposición aplicable, y esta página no va a decir que exista una bolsa de apuestas mexicana. Tampoco hay restricciones encontradas sobre eventos de menores o ligas inferiores. El silencio no es permiso ni prohibición: es silencio, y en un marco que declara prohibido lo no previsto, el silencio se resuelve en la puerta del permiso.

Edad, identidad y verificación

El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad estar en las áreas de apuestas de los establecimientos y participar en el cruce de apuestas, pero no fija un número. Las marcas escriben 18+ en sus propias fichas y pies de página, y un número legal para apostar no está establecido. Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo: la costumbre del sector dice 18, el texto no lo dice.

La verificación de identidad sí ocurre, y ocurre por una razón que no tiene nada que ver con proteger al jugador: las apuestas son una actividad vulnerable frente al lavado de dinero, y los operadores verifican usuarios y reportan operaciones relevantes a la Unidad de Inteligencia Financiera y al Servicio de Administración Tributaria. Los documentos exactos que se piden no están fijados en un texto de aplicación general. Para el jugador, el efecto es concreto: hay un momento, entre el registro y el primer retiro, en el que la cuenta se detiene hasta que los papeles cuadren, y ese momento nunca aparece en el folleto de bienvenida.

Depósitos, retiros y el nombre de la cuenta

Ninguna norma cubre los pagos de las apuestas. Los métodos que aparecen en los listados y pies de página de los operadores —tarjetas, transferencias SPEI, vouchers en efectivo en tiendas como OXXO, monederos electrónicos— son lo que cada marca dice de sí misma. Los retiros van a una cuenta a nombre del jugador, y el operador emite un CFDI de retenciones cuando el premio está gravado. Que un permisionario acepte criptomonedas no está establecido.

El detalle de la cuenta a nombre del jugador es el que más problemas causa en la práctica y el que menos se lee. Un retiro a nombre de un tercero no pasa, y una cuenta abierta con datos de otra persona se convierte en un saldo que existe en pantalla y no se puede mover.

El premio: cantidad apostada por momio

El cálculo del pago tiene una sola línea. El premio es la cantidad apostada multiplicada por el momio fijado cuando se cerró el boleto. Cien pesos a momio 1.90 devuelven 190 pesos. Si el boleto es una combinada, los momios de las patas se multiplican y forman un solo precio: tres patas a 1.90 dan 6.859 y convierten 100 pesos en 685,90. Nada cambia si el evento es virtual o real, y por eso la discusión sobre el pago de un deporte virtual no tiene nada que discutir: el momio ya estaba puesto.

Legalidad: el permiso, el bloqueo y la reforma que no es ley

La autoridad y las palabras

La autoridad es la Secretaría de Gobernación. El Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos, en su artículo 2, le da la interpretación y aplicación administrativa, y la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, supervisa, expide, modifica y termina permisos, además de instruir los procedimientos sancionadores. La ley es la de 1947: prohíbe los juegos de azar y las apuestas en todo el país salvo los autorizados, y su artículo 7 faculta a la Secretaría de Gobernación para otorgar permisos e inspeccionar, su artículo 8 para clausurar establecimientos no autorizados, su artículo 9 para impedir que un local quede cerca de escuelas o centros de trabajo y su artículo 10 para coordinar a estados y municipios.

Los tipos de permiso relevantes para apostar son los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos, según el artículo 28. Los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios para apuestas remotas. Los permisos no son transferibles, por el artículo 31, y los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar un seguro, reportar operaciones sospechosas de lavado de dinero y constituir un seguro de fianza, por el artículo 29.

La reforma del Reglamento del 16 de noviembre de 2023 dejó tres piezas claras: su artículo 1 cubre la autorización, el control y la inspección de juegos con apuestas y sorteos con excepción de los de la Lotería Nacional, con jurisdicción federal; su artículo 2 declara prohibida toda actividad de apuestas o sorteos no prevista expresamente; y su artículo 3 define el permiso como un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario. La palabra temporal es la que conviene subrayar: un permiso no es un derecho de propiedad, se renueva y se puede terminar.

Una precisión que este mercado necesita oír: ninguna ley mexicana nombra las apuestas en línea. La práctica reportada es que los sitios no pueden tener una licencia digital independiente y van colgados del permiso de un titular con local autorizado, y que muchas marcas extranjeras usan un permisionario local. Un mismo permisionario puede operar varias marcas, y por eso un apostador puede encontrar dos nombres distintos de marca bajo el mismo titular.

La transparencia del registro es el punto débil del sistema. La Dirección General de Juegos y Sorteos se supone que publica un PDF con los sitios autorizados; ese documento no se pudo abrir, el Congreso pidió entre mayo y julio de 2026 un registro público abierto, y los recuentos de sitios de apuestas se contradicen: 136 en un reporte, entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx en otro. Con esa discrepancia, aquí no se imprime ningún total ni se presenta ningún número de permiso como oficial.

Lo que pasó en 2025 y 2026, con sus fechas

El estado de los bloqueos es inestable, y por eso va con fecha y sin conclusión. El 11 y 12 de noviembre de 2025 la Unidad de Inteligencia Financiera identificó 13 casinos y congeló cuentas, y bet365 y Betano, esta última de Ganador Azteca, del grupo Salinas, quedaron deshabilitadas. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado les permitió solo publicar contenido informativo lícito sin relación con apuestas. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, entre ellos betano.mx y bet365.mx. El 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la Secretaría de Gobernación contra bet365 y Betano, según una sola fuente. También se reportó el cierre de alrededor de 20 casinos físicos en 2026.

Nada de eso se puede escribir como “abierto” ni como “cerrado hoy”. La app de Betano, bloqueada desde noviembre de 2025, ofrecía deportes virtuales junto con apuestas deportivas y casino, y eso hoy es una descripción de lo que la marca tenía, no de lo que un usuario encuentra al abrirla. Ese es el riesgo que un catálogo no muestra: un saldo en un operador bloqueado puede quedar congelado, y el tiempo que tarda en resolverse un bloqueo no lo controla el jugador.

Una multa o un delito para el apostador que juega en un sitio sin permiso no está establecido, y aquí no se afirma ni una sanción ni una exención. Lo que sí se puede comparar es lo que trae cada tipo de casa. Una marca con permiso trae un domicilio legal en México, un permiso de la SEGOB, controles de verificación y de lavado de dinero, y un CFDI de retenciones cuando toca retener. Una marca offshore no trae nada de eso, y no hay registro nacional de autoexclusión que la alcance en ninguno de los dos casos. Los sitios con licencia de Curazao no son permisionarios mexicanos.

La reforma que todavía no cambia nada

En octubre de 2026, con reporte del día 13, la Secretaría de Gobernación terminó un anteproyecto para reemplazar la ley de 1947 y lo envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado y no es ley. Una iniciativa para derogar la ley crearía un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos, con edad mínima de 21 años y autoexclusión. Eso es una propuesta, y una propuesta no cambia el precio de ningún boleto.

Los reportes sobre límites de horario para la publicidad en radio y televisión —después de las 22:30 o entre las 06:00 y las 22:00— describen iniciativas, no ley. Los proyectos para limitar influencers y deportistas, para prohibir la publicidad en transmisiones deportivas y para prohibir los bonos de bienvenida tampoco son ley. En artículos del Reglamento revisados no aparece un artículo federal de publicidad, aunque un reporte secundario sí describe avisos con la clave oficial del permiso y advertencias de juego responsable. Ninguna norma estatutaria sobre bonos está establecida.

El impuesto que sí es ley

El IEPS del artículo 2, fracción II, inciso B) de la Ley del IEPS es 50 % sobre los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso bajo la Ley Federal de Juegos y Sorteos, reformado en el Diario Oficial de la Federación del 7 de noviembre de 2025 y vigente desde el 1 de enero de 2026. Antes era 30 %. El mismo inciso alcanza los juegos en línea de residentes en el extranjero sin establecimiento en México, que deben cumplir las obligaciones de la ley, con bloqueo temporal del servicio digital en caso de incumplimiento grave, según los artículos 18-H BIS a 18-H QUINTUS de la Ley del IVA.

La base no está establecida y conviene no inventarla: el texto revisado dice “valor de la actividad”, la prensa dice “monto total apostado”, y esta página no escribe “50 % de lo apostado” ni “de los ingresos brutos”. Los impuestos estatales varían: la Ciudad de México grava las apuestas y Nuevo León grava los montos apostados.

En el premio, el artículo 137 de la Ley del ISR considera ingreso los premios de loterías, rifas, sorteos, juegos con apuestas y concursos legalmente autorizados. Quien paga retiene 1 % si el estado no grava el premio o su impuesto no pasa del 6 %, y 21 % si un impuesto estatal supera el 6 %. La retención es pago definitivo solo si la persona presenta la declaración a la que está obligada; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita. La Ciudad de México tiene un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, alrededor del 7 % en total, según un reporte secundario, y los premios que pasan de $600,000 MXN al año se reportan en la declaración anual, también según un reporte secundario.

Sobre los premios de sitios sin permiso, el artículo 137 habla de premios “autorizados legalmente”, y el tratamiento de un premio de un sitio no autorizado no está establecido. La posición correcta es una sola: consulta a un contador o asesor fiscal. Y tras la subida del IEPS, los operadores rediseñaron sus bonos de bienvenida para absorber parte del impuesto, lo cual es una forma elegante de decir que el costo se mueve de lugar.

Juego responsable: las herramientas que existen y las que no

La pieza que falta en México tiene nombre y es incómoda: no hay registro nacional de autoexclusión. No existe una lista a la que un apostador pueda apuntarse para que las casas lo bloqueen, y no existe tampoco un límite legal de depósito o de pérdida ni una figura de cuenta temporal. Cualquier límite que un jugador tenga en México lo tiene porque la marca decidió ofrecerlo, no porque una autoridad se lo impusiera. Eso convierte cada herramienta de juego responsable en un producto voluntario, y los productos voluntarios se retiran cuando conviene.

Lo que las marcas sí listan en sus propias fichas son pausas, límites de depósito y autoexclusión interna. Son herramientas reales y funcionan dentro de la casa que las ofrece. No cruzan de una marca a otra. Un autoexcluido en una plataforma puede abrir la siguiente en diez minutos, y esa es la diferencia exacta entre una autoexclusión voluntaria y un registro.

La protección que sí tiene consecuencias es la de identidad. Como las apuestas son actividad vulnerable frente al lavado de dinero, los operadores verifican usuarios y reportan operaciones relevantes a la Unidad de Inteligencia Financiera y al Servicio de Administración Tributaria. Eso no protege de perder, pero deja rastro de quién movió el dinero.

Para el apostador de presupuesto pequeño, el orden de las medidas razonables es este: fijar el límite de depósito antes del primer boleto, porque un límite puesto después ya lleva la derrota dentro, y escribir el techo de la semana en un lugar que no sea la app. Las pausas obligatorias y los límites de sesión que algunas marcas ofrecen hacen un trabajo que ninguna ley mexicana hace por el jugador: recordarle que el ciclo de una carrera virtual dura unos minutos y que la siguiente empieza cuando él quiera, no cuando el calendario lo permita.

El costo real: margen, rollover y límites

Volvamos al número que abre esta página, porque es el que sobrevive a todas las comparaciones. En un mercado a dos resultados que reparte entre el 94 % y el 96 % de lo recaudado, la retención de la casa va del 4 % al 6 %, y esa retención se cobra sola, sin factura y sin aviso. Sobre un mercado a momio 1.90 y 1.90, la retención ronda el 5 % y el reparto el 95 %. Un apostador que juegue 100,000 pesos al año en mercados virtuales de dos resultados con ese reparto deja atrás, en promedio, unos 5,000 pesos, y no los deja en una sola apuesta: los deja de a poco, en cada boleto, sin que ningún estado de cuenta lo registre.

Ahí se entiende por qué el margen es el dato que hay que poner al lado de cualquier promesa. Un bono sin depósito de $1,000 MXN con un rollover publicado de 10 veces exige mover $10,000 en apuestas para liberarlo. Sobre esos $10,000, con el mismo reparto del 95 %, el costo esperado de la operación es de unos $500, y ese cálculo es una estimación bajo el supuesto de que solo se apuesta el importe del bono y en mercados con ese reparto. Con un reparto peor, el costo sube; con un momio mínimo alto exigido por el requisito, baja el número de boletos disponibles para cumplirlo. La cuenta es la misma cada vez: el bono no es dinero, es trabajo con un precio.

Y el boleto mínimo merece su propio párrafo, porque es el que convierte un bono en una obligación. Si un requisito exige momios de 1.80 para que la apuesta cuente, los boletos a 1.20 que un jugador usaría para “pasar” el requisito no valen, y cada apuesta que no cuenta es tiempo que se suma al plazo. Los plazos, los momios mínimos y los rollovers de la segunda oferta de un operador pueden cambiar de una reseña a otra; cuando eso ocurre, la única cifra que vale es la del propio operador, leída antes de aceptar la promoción.

El capítulo de los límites lo cierra la misma lógica. Los máximos por boleto, las restricciones de retiro y las condiciones que aplican solo mientras se libera un bono no se publican en el escaparate; el tope de ganancias de una apuesta gratis, por ejemplo, puede convertir una apuesta “de $1,000” en una ganancia mucho menor cuando el boleto acierta. Nada de esto es un truco: son las condiciones de un contrato, y el contrato está disponible antes de aceptarlo. Lo que casi nunca está disponible es alguien que lo lea en voz alta.

Preguntas frecuentes

¿Cómo saber si una casa de apuestas opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?

No hay una respuesta cómoda. La Dirección General de Juegos y Sorteos se supone que publica la lista de sitios autorizados, y esa lista no se pudo abrir para cotejar los números que maneja cada marca. Lo que queda es el pie de página del operador, donde debe aparecer el permiso con su número y el nombre del permisionario, y ese nombre tiene que coincidir con el de la empresa que publica la aplicación.

¿Cómo se calcula lo que paga una apuesta con la cantidad apostada y el momio?

El premio es la cantidad apostada multiplicada por el momio que estaba fijo al cerrar el boleto. Cien pesos a 1.90 devuelven 190. En una combinada, los momios de todos los aciertos se multiplican entre sí y forman un solo precio: tres patas a 1.90 dan 6.859 sobre el mismo boleto de 100 pesos.

¿Cómo se nota el margen de la casa de apuestas en los momios?

Se nota cuando se invierten los momios de todos los resultados de un mismo mercado y se suman. Si esa suma da 1.0526, el mercado reparte alrededor del 95 % de lo recaudado y la casa retiene cerca del 5 %. Un mercado entre el 94 % y el 96 % de reparto tiene una retención del 4 % al 6 %.

¿Cómo se ponen límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?

Dentro de la cuenta, en la sección de juego responsable, donde cada marca lista sus pausas, sus límites de depósito y su autoexclusión interna. No existe un límite legal de depósito ni de pérdida en México, y tampoco un registro nacional de autoexclusión: la herramienta solo existe si el operador la ofrece, y solo cubre esa casa.

¿Se pagan impuestos por los premios de las apuestas en México y quién los retiene?

El artículo 137 de la Ley del ISR considera ingreso los premios de juegos con apuestas legalmente autorizados. Quien paga retiene: 1 % si el estado no grava el premio o su impuesto no supera el 6 %, y 21 % si el impuesto estatal pasa del 6 %. La retención es pago definitivo solo si se presenta la declaración correspondiente.

¿Qué riesgos tienen las casas de apuestas sin permiso en México?

No traen domicilio legal en el país, ni permiso de la Secretaría de Gobernación, ni controles de verificación y de lavado de dinero, ni CFDI de retenciones cuando toca retener. Un saldo en un operador bloqueado puede quedar congelado, como se vio con los bloqueos de noviembre de 2025. Y los sitios con licencia de Curazao no son permisionarios mexicanos.

Elaborado por el equipo de «Guiademomios».

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